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Violencia psicológica: el enemigo invisible

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25 de noviembre, Día Internacional de lucha contra la violencia hacia las mujeres

No está mal empezar recordando que la violencia contra la mujer es un problema de salud pública y que constituye una de las violaciones a los derechos humanos más frecuentes a lo largo y ancho del mundo. Incluye todo acto de violencia física, psicológica o sexual, basada en la pertenencia al sexo femenino, que se produce en la familia o en la comunidad, y es tolerada por diversos Estados y culturas.

Actualmente, sin embargo, existe mayor interés por investigar y atender la violencia psicológica, y por hacerlo desde una perspectiva integral de la salud que se basa en que somos seres humanos con muchas dimensiones interrelacionadas: la física, la psicológica y la social. Asimismo, se quiere incidir en ella porque son las mismas mujeres las que consideran que este tipo de violencia “es más doloroso que la propia agresión física”.

El “Estudio multipaís de la OMS sobre salud de la mujer y violencia doméstica contra la mujer” establece también como maltrato el ser insultada o humillada delante de los demás; ser intimidada o asustada a propósito (por una pareja que grita y tira cosas, por ejemplo); y ser amenazada con daños físicos, ya sea de forma directa o indirecta, mediante la amenaza de herir a alguien importante para la afectada.

El estudio determinó, además, que en todos los países objeto del estudio (Bangladesh, Brasil, Etiopía, Japón, Namibia, Perú, Samoa, Serbia y Montenegro, Tailandia y República Unida de Tanzania), entre el 20% y el 75% de las mujeres había experimentado, como mínimo, uno de estos actos; en su mayoría en los últimos 12 meses previos a la entrevista realizada por la investigación, y lo que más mencionaron fueron los insultos, la humillación y la intimidación.

En general existe consenso en considerar que la violencia psicológica puede darse antes y después del abuso físico o acompañarlo. Sin embargo, no siempre que hay violencia psicológica hay abuso físico. Y hay que tener claro que, aunque la violencia verbal llega a usarse y aceptarse como algo natural, es parte de la violencia psicológica.

Dicho maltrato puede incluir gritos, amenazas de daño, aislamiento social y físico (como no poder salir ni hablar con otros), celos y posesividad extrema, intimidación, degradación y humillación, insultos y críticas constantes. Otras manifestaciones de la violencia psicológica son las acusaciones sin fundamento, la atribución de culpas por todo lo que pasa; ignorar, no dar importancia o ridiculizar las necesidades de la víctima; las mentiras, el rompimiento de promesas, conducir rápida y descuidadamente para asustar e intimidar; llevar a cabo acciones destructivas, como romper muebles, platos o pertenencias de la mujer, etc.

Estos  comportamientos  masculinos aparecen en un contexto social eminentemente machista, donde los hombres hacen prevalecer su sentimiento de superioridad sobre las mujeres, y la violencia sería la forma de asegurar esa posición dominante y los roles de género tradicionales. Los hombres que infligen maltrato psíquico a sus parejas registran un porcentaje más elevado de comportamiento dominante que los hombres que no lo hacen.  La Organización Mundial de la salud registró comportamientos dominantes sobre sus parejas entre un  21% en Japón y casi un 90% en la República Unida de Tanzania. Esta situación sugiere la existencia de numerosas diferencias en cuanto al grado en el que dicho comportamiento se considera aceptable en las diferentes culturas.

Diversas investigaciones cualitativas señalan el malestar emocional como la principal consecuencia de dicha violencia psicológica sobre la salud mental de las mujeres. Las maltratadas psicológicamente presentan sintomatología ansioso-depresiva, baja autoestima e inadaptación a la vida cotidiana, por lo que sus sentimientos de seguridad están deteriorados, el mundo se torna inseguro e impredecible para ellas, y experimentan temores recurrentes; todo lo cual tiene impacto a su vez en las oportunidades y posibilidades de su desarrollo personal.

Si bien es cierto que los espacios médicos y en general los de la atención de salud son propicios para identificar los casos de agresión, también está claro que este tipo de violencia es un problema que limita el ejercicio de derechos de las mujeres, por lo que su atención y erradicación debe convertirse en un compromiso de los Estados, medios de comunicación, e las instituciones públicas y privadas.

Autora: Ana Alcántara Chavez, psicóloga del Movimiento Manuela Ramos (Perú).

 

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Esta entrada fue publicada en noviembre 23, 2011 por .

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